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Productividad en la traducción #ETIM2013

¿Te gustaría ser un traductor productivo y no sabes cómo?

Si estuviste en el #ETIM2013 el día 30 de noviembre, seguro que tienes la motivación por las nubes. Se cocinaron muchas ideas y se fomentó la iniciativa en varias áreas. Estoy seguro de que todas las charlas te servirán para ser un poco mejor traductor. Si no estuviste, no te preocupes. En los dos enlaces siguientes puedes encontrar lo que necesitas:

Estuvieras allí o no, quiero compartir contigo mi presentación también y poner mi pequeño grano de arena para ayudarte a hacer realidad el mito del traductor productivo. Te indico además que todo esto no habría sido posible sin el maravilloso trabajo de Educación Digital, quienes con mucho esfuerzo, esmero y entusiasmo han organizado un fantástico encuentro lleno de anécdotas, risas y mucha traducción.

Hace no mucho pregunté a un ponente de un congreso y traductor en una organización nacional por qué no gestionaban la terminología ni utilizaban herramientas de traducción asistida por ordenador. Su respuesta fue que no les gustaban las herramientas TAO y que no necesitaban gestionar la terminología porque, después de tanto tiempo, todo estaba en las cabezas de los traductores del equipo. También dijo que no pueden cubrir todas las necesidades de traducción porque no encuentran a nadie cualificado para incorporarse al equipo. Yo pensé que la resistencia al cambio es un lastre en nuestra sociedad. También pensé que los profesionales no nacen, sino se hacen.

Dicen que lo desconocido provoca un estado de alerta casi darwiniano que nos bloquea e inmoviliza. Es un escudo protector que nos hace conservadores y nos inclina a pensar que lo desconocido es negativo o peligroso solo con el fin de preservar el status quo, pero la vida es cambio, los tiempos cambian y las necesidades también. Quien no acepta el cambio, evoluciona y convierte en aliado sus aparentes enemigos, perece. Es una cuestión de supervivencia y, sin ser tan extremista, es una cuestión de productividad.

Entiendo que en la literatura y otros textos de carácter creativo no se puedan utilizar herramientas TAO y de gestión terminológica. En realidad, en las actividades creativas no se valora la repetición, sino la innovación. Sin embargo, el resto de textos ajenos a esa característica deberían ser objeto de la tecnología. Se trata de vehicular la comunicación, transmitir el conocimiento y facilitar el acceso a la información. Para aquellos que rechazan la mejora de la productividad en la traducción, veamos cómo podría ayudarles la tecnología que desprecian:

  • Reutilización de activos lingüísticos: a buen entendedor, pocas palabras bastan. Reutilizar los elementos lingüísticos que forman un texto tiene infinidad de ventajas. La lengua es un puzle de elementos y reglas que se pueden gestionar tanto individualmente o como un todo por categorías o niveles. Eso significa:
    • Autopropagar las traducciones o partes de traducciones ya existentes.
    • Tener fácil acceso a la terminología existente.
    • Sistematizar la recuperación de elementos relevantes para el nuevo texto que se va a traducir.
    • Garantizar la coherencia con el material anterior.
    • Optimizar el acceso a consultas lingüísticas.
  • Mejora continua de la calidad: si existe una máxima para un traductor, esa debe ser la calidad. ¿Qué traductor no ha releído una traducción después de un tiempo y no ha sentido auténtica vergüenza? La tecnología te permite:
    • Garantizar la coherencia de estilo.
    • Aumentar significativamente la precisión terminológica.
    • Evitar errores tontos gracias a la automatización del control de calidad.
    • Depurar los procesos de traducción gracias a la simplifación de tareas.
    • Mejorar la coordinación del trabajo en equipo.
  • Automatización del control de calidad: el ojo humano se cansa, se despista, se entristece, se alegra y… se equivoca. Conviene automatizar los siguientes aspectos:
    • Revisión ortotipográfica: el uso de las comas, los puntos, las mayúsculas o los guiones son errores comunes en cualquier texto.
    • Uso correcto de la terminología: si un término está prohibido, la herramienta lo encontrará. Si controlas la terminología, ningún especialista estará descontento al leer tu texto.
    • Uso correcto de nombres propios, marcas registradas o nombres de producto. Tu cliente te adorará.
    • Verificación del código: son tantos ya los traductores que se enfrentan a textos enmarcados en lindos códigos: html, xml, InDesign, FrameMaker, etc. Puedes eliminarlos de tu vista.
    • Control sintáctico mediante expresiones regulares y otros pequeños trucos.
  • Reducción de costes: en los tiempos que vivimos, ¿quién puede negar que esto es necesario? Existen varias formas de reducir costes:
    • Automatización de procesos: si una máquina puede hacer parte de lo que tú haces, tú puedes dedicarte a otros menesteres. Estás haciendo doble o triple solo por este hecho. Los costes son los mismos, pero tú haces más.
    • Tiempo en consultas y documentación: el tiempo que antes invertías en contrastar la información e investigar, ahora lo dedicas a otras cosas.
    • Disminución del número de errores: si el proceso traducción se realiza más eficientemente, los errores se reducen, el tiempo que se necesita para corregirlos ya no se pierde.
  • Formación y especialización: los políticos nos dicen que es necesario fomentar la formación de los trabajadores. Esta es una de las pocas verdades que dicen. ¿No quieres poner los medios?
    • Capacitación del traductor: el acceso a la información mediante la reutilización de activos lingüísticos permite reducir el tiempo que un traductor necesita para dominar una especialidad.
    • Transmisión del conocimiento especializado en tiempo real con otros traductores del equipo.
    • Evaluación del rendimiento: los controles de calidad automatizados permiten seguir la evolución de un nuevo traductor en el equipo.

Ante tal lista de ventajas (que no ocurren de un día para el otro, pero que son reales), cabe preguntarse si merece la pena la resistencia al cambio. La traducción como actividad profesional seguirá siendo compleja y exigente con o sin tecnología. El aumento de información, es decir, de documentos con textos en mil formatos que necesitan traducción, es una realidad incontestable. No podemos hacer frente a esa ingente cantidad de traducciones con medios tradicionales. Necesitamos compartir nuestros recursos para facilitar la labor de otros y la nuestra propia. Además, no podemos despreciar la mejora de la calidad, por mucho esfuerzo que ello conlleve.

La actividad del profesional de la traducción se está transformando y está en constante evolución. El día que se bajan los brazos, se deja de avanzar y uno se queda atrás. Tal vez no perderás el puesto, pero tu labor como traductor no es ejemplo de productividad. Despreciar la tecnología en la traducción no es una cuestión de tradición, es una temeridad.