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Productividad en la traducción #ETIM2013

¿Te gustaría ser un traductor productivo y no sabes cómo?

Si estuviste en el #ETIM2013 el día 30 de noviembre, seguro que tienes la motivación por las nubes. Se cocinaron muchas ideas y se fomentó la iniciativa en varias áreas. Estoy seguro de que todas las charlas te servirán para ser un poco mejor traductor. Si no estuviste, no te preocupes. En los dos enlaces siguientes puedes encontrar lo que necesitas:

Estuvieras allí o no, quiero compartir contigo mi presentación también y poner mi pequeño grano de arena para ayudarte a hacer realidad el mito del traductor productivo. Te indico además que todo esto no habría sido posible sin el maravilloso trabajo de Educación Digital, quienes con mucho esfuerzo, esmero y entusiasmo han organizado un fantástico encuentro lleno de anécdotas, risas y mucha traducción.

Probablemente, como ocurre con los colores, habrá gustos en todas las direcciones. Unos pensarán que no podrían vivir sin memorias de traducción y otros opinarán que en el modelo de negocio que tienen, las memorias de traducción les sirven de poco.

A pesar de los demostrados beneficios que nos ofrece el uso de memorias de traducción, aún hoy, en alguno de los cursos que he impartido, me encuentro con gente que intenta explicarme cuán imposible es la utilización de memorias de traducción en su empresa. A veces es por culpa de la temática, otras porque la utilización de gestores de memorias de traducción supondrá un cambio radical en el flujo de trabajo de la empresa, y en muchos casos, por miedo a lo desconocido. Ante esta realidad, me pregunto si los traductores y empresas que rechazan las ventajas del uso de memorias de traducción y otras tecnologías afines no pensarán que la tecnología se les echa encima como “una imposición” que prefieren postergar.

El problema radica en que rechazar el uso de la tecnología en la industria de la traducción es más una locura que un derecho. Para ilustrar esta realidad, nada mejor que utilizar una analogía de la vida real. Durante años me consideré un entregado defensor de las tradiciones. En casa de mis padres, el lavavajillas llegó cuando casi me marché, así que para mi lo ideal era fregar los platos. Hasta me relajaba esa actividad. Cuando mi mujer me comentó que compráramos un lavavajillas, mi respuesta fue rotunda: no. No sé cómo, semanas más tarde apareció el lavavajillas en casa y tuve que adaptarme a la tecnología. Pues bien, hace dos semanas se estropeó y creo que nunca habría imaginado el magnífico aliado que tenía en la cocina, sobre todo al haber peques en casa.

Más que una imposición, las memorias de traducción son una opción, muy buena por cierto, de aprovechar nuestro tiempo y rentabilizar los esfuerzos. Una memoria de traducción no es más que una carpeta cargada de textos que podemos consultar y reutilizar con pocos clics del ratón y cuantos más tengamos mejor. Una carpeta que crece y que cada día nos facilita más la labor del traductor. Los gestores de memorias de traducción son la llave que nos permite abrir la carpeta y que incluso nos ayudan a maximizar la reutilización de esos activos lingüísticos e integrarlos con otros recursos.

Una memoria de traducción no es la solución, dicho sea de paso, pero un buen uso de este recurso lingüístico significa productividad y hacer más con menos. No esperes más. Anímate a utilizarlas y optimizarlas. Mi mujer tenía razón con esto de la tecnología.